Esta noche he dormido al fresco,
sin querer, como pasan a veces las cosas y no por ello sin dejar huella.

Salí con mi libro a dejarme mecer por la lectura, la brisa y las estrellas,
ya que por fin, la noche parecía querer dar tregua al sofocante calor que ahoga estos días.

En algún momento me perdí y me encontré en un sueño,
recostada en una barquita a la deriva en un mar amable, placido, tímido.
Mi libro reposaba sobre mi regazo, letras ya no leídas, gaviotas anunciando el amanecer, de nuevo el canto de la brisa leve sobre mis eucaliptos y yo buscándote…

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